Título: Dioses menores
Autor: Terry Pratchett
Año: 1992
Edición traducida: DeBolsillo
Llevaba más de ocho meses sin leer una novela cuando abrí Dioses Menores por segunda vez. La primera fue un fracaso: después de tres confusas páginas, lo cerré sin mucho entusiasmo y acumuló polvo en mi mesilla hasta que se lo devolví a su propietario. Pero ocho meses son muchos meses, así que volví a intentarlo con más ganas.
Diez días
después, el libro volvía a acumular polvo. Pero esta vez leído.
Durante esos diez
días me lancé a través de páginas y páginas hiladas totalmente de continuo, sin
capítulos. Los párrafos se suceden unos a otros con pausas ocasionales para ir
saltando de hilo en hilo del tejido de esa historia. Sin embargo, la escritura
de Pratchett se resiste activamente a la analogía con el tejido, porque él no
teje, solo deja caer los puntos comunes; el que los debe hilar, el que teje, es
el lector.
Esta es la piedra
de toque del universo ficticio en el que se desarrolla Mundodisco, la vasta saga de cuarenta y una novelas de fantasía y
humor que hicieron de Pratchett uno de los autores del género fantástico más reconocidos
en la actualidad. Dioses Menores no
tiene sentido evidente, te obliga a que se lo busques tú. En ese mar de
simbolismos y sugerencias, «aquí parece que está hablando de…», Pratchett te
obliga a que hagas el esfuerzo de decidir qué es lo que estás leyendo.
Esa es la regla
de oro: el lector crea el mundo. Pero el genio de Pratchett está en su coherencia:
no solo nos anima a leer así su obra, sino que dentro del propio Mundodisco la
realidad es la historia que los personajes mismos narran al vivir en ella. Dioses menores es, como toda la saga,
una honda reflexión filosófica sobre qué es la realidad y qué somos las personas
en ella.
La idea es que
somos narradores. Damos sentido a lo que vemos contando una historia, y si la
historia tiene sentido, la creemos, es verdadera: la magia es la manipulación
de las historias; los dioses solo existen si la gente cree en ellos.
Toda la historia
de Dioses menores gira alrededor de un
dios y un creyente, el ingenuo Brutha, que van descubriendo la vida desde el
punto de vista del otro a lo largo de un viaje inesperado, al modo de Quijote y
Sancho. La trama de la primera mitad sucede con calma, tomándose su tiempo para
presentar todos los personajes y el marco. El lector nuevo está demasiado deslumbrado
con las piruetas humorísticas de Pratchett como para intentar entender a dónde
llevan las miguitas de pan que hay, pero todo cobra sentido según la trama acelera
en la segunda mitad.
Hay dos momentos
clímax: el primero es una serie de momentos profundos que transcurren en el
desierto, que dejan las apuestas por los cielos para su resolución en el segundo
clímax, una escena gloriosa donde la historia de los protagonistas se culmina. A
continuación, el mundo se va resolviendo a su alrededor en una serie de eventos
algo confusos, tras los que la última docena de páginas ofrece un cierre cargado
de sentimientos y a la vez realmente concluyente. No admite reproches.
Cómo funcionan
las creencias y cómo se debe creer son preguntas centrales a lo largo de toda
la trama. No dejan de darles vueltas, y la moraleja las responde, pero en
ningún momento se dice explícitamente. Tejer, recordemos, es tarea del lector. Hay
un momento a mitad del libro en el que sí que habla del trasfondo para lectores
rezagados, pero incluso ahí evita explicar directamente optando por aforismos
ingeniosos: «Los dioses se convertían en una gran barba en el cielo, porque
cuando tienes tres años, tu padre es una gran barba en el cielo».
Por otro lado,
como las creencias en dioses se articulan en religiones, el libro no deja de
dar vueltas a cómo se forman nuestras religiones, qué presencia tienen en la
vida de las personas y en la sociedad. El viaje de Brutha parte del imperio de
Omnia, una sátira del mundo cristiano: estrictas normas sociales, una mezcla
entre Iglesia y Estado y una inclinación hacia la abstinencia y el sufrimiento.
Incluso aparecen de forma burlesca la Biblia y la Inquisición. Se contrapone a Efebia,
una ciudad que se ríe a la vez de la Atenas clásica y de la sociedad actual,
ambas con sus filósofos hipócritas, sus «esclavos» y su gobierno democrático,
pero considerado tiránico.
Para ser una
novela de crítica social, todo hay que decirlo, apenas hay personajes diversos.
No hay ninguna mujer que hable más de dos veces en la historia, y podemos
afirmar con seguridad que en el mundo antiguo que se representa en la historia las
había. Ni si quiera en la escena referente al incendio de la biblioteca de
Alejandría hay una Hipatia de broma, y habría sido muy fácil.
Salvo ese caso, no
se pierde ocasión de reírse de algo. En una realidad en la que coexisten
Arquímedes, Lao Tse, la Inquisición y la máquina de vapor, cada elemento en la
historia es un símbolo, un chiste y una puya dirigida a nuestro mundo, profundamente
criticado entre risas. Incluso cuando Pratchett deja de lado la sátira para
avanzar en la trama del libro, las conversaciones de los personajes son
desternillantes, con un humor que bebe de los Monty Python, grandes referentes
británicos del humor y la crítica social satírica.
En cierto
momento, un vendedor ambulante de la plaza del templo ofrece dulces frescos a
un viandante, que le protesta que tienen moscas. Cuando el vendedor aclara que
son «pasitas», el viandante pregunta por qué vuelan. En ese momento, el
vendedor empieza a «manotear dramáticamente» gritando: «¡un milagro! (…) ¡Ha
llegado el tiempo de los milagros!».
El secreto del
éxito es que el libro se abre a muchos perfiles distintos de lector. Toda la
trama, con sus distintas líneas, sucede engarzada en la crítica social, que se
sustenta en la reflexión que late en el corazón de la gran máquina de Dioses Menores: reflexión sobre la
naturaleza humana, la sociedad, la religión, la realidad y las creencias. Todo
ello viene envuelto en una gruesa pátina de humor presente casi en cada
palabra, lo que hace que la puedas leer como una novela de humor apta para
adolescentes, pero también como una novela satírica que critica la religión y
la sociedad actual si eres una persona con más referencias, o como una novela
filosófica si esas son las cuestiones que te interesan. El hecho es que todas
las lecturas posibles funcionan, porque cada capa está montada con mucha
habilidad (si no contamos el rigor histórico). Quizás a alguien que venga a Mundodisco solo por su filosofía le será
difícil tragar el continuo de chiste tras chiste, pero si una persona no puede
ver la filosofía como algo indisociable de la literatura y el humor, Terry
Pratchett no está escribiendo para esa persona.

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